Entradas

Mostrando entradas de 2008

Estúpidas historias

Imagen
«... Y fue así que, después de esperarla toda una vida, ella llegó a amarlo».



Cerró el libro que había acabado de leer, se lo llevó al pecho, suspiró seriamente, recordó con poco esmero a una mujer de nombre alado y celestial. La imagen formada le hizo permanecer un par de minutos absorto, hasta que de pronto... «¡Estúpidas historias!» exclamó lanzando el libro, que cayó cual ave embestida por un cazador. Había recordado la conversación que tuvo con Ángela la noche anterior.


—Si yo no puedo sentir nada por ti ¿por qué me esperas? Busca a otra que yo jamás podré quererte.

—Te espero porque te quiero mucho, y si soy paciente sé que algún día sentirás lo que yo por ti. Así sucede en todas las historias amorosas que he leído; sólo tengo que aguardarte.

—¡Historias! —dijo ella y carcajeó mostrando sus pequeños dientes— ¡Cuándo no tú, viviendo en un mundo irreal!... Date cuenta de algo, todo lo que lees es puro cuento, y los cuentos nacen de las ideas de escritores y poetas... ¡Ideas! Discúlpam…

A los intelectuales

¡Hey, cosmopolita! merodeador de círculos letrados, si, tú, el que lleva los anteojos del saber, el hombre voceado y admirado, el que autografía novelas e imparte cátedras en conferencias, escúchanos: ¡los de abajo te necesitamos!

Vivimos dominados por panzones y tetones que juran nuestro crecimiento por parte de la «benevolencia» extranjera ¿Es cierto aquello?... ¡No nos ignores!

¿Hacia dónde apuntan tus proyectos? Ayúdanos, porque nuestra educación no va más allá de tener una linda carpeta. Queremos asimilar los garabatos de las tizas, y no que nos borren con una mota la voz y la conciencia.

Ven, amigo intelectual. Estás sumergido en tus libros, pero vas a ahogarte y de nada habrán servido tus conocimientos.

Nosotros somos gente de callejones nauseabundos, esquineritos, trabajadores mal pagados, serranos, como nos llaman algunos de tus colegas, indios olvidados que ven a «extraños» devorar nuestro banquete biodiverso.

¿Eres acaso otro más que nos mira como a moscas, que nos tilda de asqu…

Invitación: «Ojos cansados»

«Ojos cansados». A mi parecer, y con esta modesta apreciación literaria, lo califico como un grandioso relato. Escrito por Moisés Azaña, un buen amigo mío, nos relata la tan estremecedora historia de un viejo hombre anacoreta, que reflexiona a fondo, a la entrada de su habitáculo (una cueva).

Estas breves palabras invitan a cualquier forastero de mi blog visitar el blog --Valga la redundancia-- de Moisés Azaña. Lo podrán encontrar al lado derecho de esta página, clickean y ya. También pueden ingresar a www.sin-calzon.blogspot.com y buscar el título «Ojos cansados». Van a quedar maravillados.

Ciudad de los Reyes calcinados

Imagen
Ciudad de los Reyes calcinados

Todas las mañanas se parecen
laguna con la gota

carros llenos van de ida
carros vacíos van de vuelta
como eritrocitos de las venas de Lima
edificios talqueados de gris carbúrico
casas de adobe y quincha que aún perviven
calles abigarradas como barrios de payaso
letreros por doquier
monumentos monócromos
señoritas guapas de espaldas
gente deforme que trabaja
lustrabotas, carameleros
puestos de periódicos
Mañanas para el caldo de gallina
o la quinua de los dioses
Mañanas rumbo al progreso

El Perú avanza ···>

César Antonio

El ramayana

Imagen
El ramayana
Tópico del duelo entre Rama y Ravana
(Comparaciones con La ilíada)

El ramayana, creación épica de Valmiky, guarda varias semejanzas con una obra clásica occidental, La ilíada de Homero; sin embargo, hay ciertas diferencias que se encuentran en la mitología que es mucho más fantástica en El ramayana que en La ilíada. Podemos reconocer a continuación algunos ejemplos dentro de la contienda entre los dos caudillos de la trama: Rama, el dasarátida; y Ravana, el gobernador de Lanka.

Primero, Ravana, el monarca de diez cabezas, a través de su magia, crea un carro esplendoroso equipado con armas bélicas para disponer de tales en la batalla. En La ilíada los dioses dependían de Hefesto quien les fabricaba los pertrechos. Por otro lado, referente al monarca de diez cabezas, sabemos que en la mitología occidental tenemos a Polifemo, el monstruo de un solo ojo. ¿Cuál es más exagerado?... Segundo, los corceles del carro de Ravana tenían… ¡rostro humano!; y tercero, Rama no podía acabar co…

Risa o entrecejo fruncido

Y así es como pasan las cosas. Hoy estás bien, alegre, empilado para todo; vas y saludas a cualquiera con tu sonrisa de niño, estás enamorado, cantas al amor, le llevas flores a tu madre, etc. Pero otros días, aquellos que curiosamente se dan bajo un cielo plomizo, te encuentras letargado, irritable, taciturno; si ves un acto de cariño entre una pareja o los favores que le hace un muchacho a una señora de edad, te parece que todo eso es hipocresía. Crees que la benevolencia no existe, que nadie es sinceramente afable. Tú mismo te das por mentiroso, zalamero, sucio... en fin, te degradas junto con todo lo que te rodea. Es lamentable este último estado de ánimo. Quisieras fingir ante los demás que no te pasa nada, desearías reír, ser elocuente con tu amigo, con tu hermano o con tu padre; pero sientes que es mejor la comodidad de mostrar el entrecejo fruncido para que nadie se te acerque; no obstante, sabes que tu mal humor angustiará a la persona que se encuentre a tu lado; él o ella pu…

Lo que la mente engendra

Imagen
"Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de las gentes sociables; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes. La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello; la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado"*

Encontré este parrafo mientras leía La muerte en Venecia de Thomas Mann. Me han deslumbrado sus palabras; ha dicho algo que dio en el clavo de cuestionamientos que atañen a mis ideas, inspiraciones y decisiones.

No me considero una persona solitaria; por el contrario, sé que soy sociable, incluso quisiera relacionarme con más personas de las que y…

Quisiera

Imagen
Quisiera llorar lágrimas de lava
sobre la mujer que amo,
convertirla en roca vulnerable,
hacerla polvo en mis recuerdos,
crear un mundo desolado;
matar la cursimelancolía de estos días,
hundirme bajo las dunas de su nada,
dejar de verla sin usar los ojos y
dormir en paz sin escuchar su habla.

Resignación

Hay veces en que resignarse es una acto de madurez. Yo me resigno hoy a seguir tratando de llegar al corazón de la mujer más linda de entre todas las que en mi corta juventud he conocido. No debo continuar con este amor que le tengo, porque ella no lo quiere, y para colmo de males, voy causando discusiones, intrigas y pesares en su pecho, en su almohada, en su sol y en su luna. Hoy me aparto de ella, lo tengo bien decidido; y que se sienta más cómoda sin mi torpe acecho.

Nívea y fría

Imagen
Ella temblaba. Su piel retumbaba y el tránsito de su sangre era un caos cuando él cogió su mano, mano nívea y fría, como de muerta, como si la hubiese matado la noche con aliento de hielo. Ambos lo recuerdan.

Recuerdan que se sentaron al borde de esa pileta apagada y quieta -un estanque sin vida, ni con reflejos de luna ni tampoco de estrellas-, que era para él un vaticinio aciago, un enigma silencioso, un testigo e incriminado. Él la llevó hasta allí para intentar amarla más próximo que nunca.

Él es un torpe al expresarse. Aquella vez algunas de sus ideas revoloteaban sin dejarse atrapar y otras tropezaban con su voz. Y ella no hacia más que oírlo y mirarlo, tratando de entenderlo, o riéndose formando líneas de risueña madurez en su rostro. Él fue hacedor de muchos preámbulos luchando por enderezar sus intenciones; sin embargo, era menester que le compartiera a ella su desasosiego; por eso, reverencialmente extendió su mano para pedir la de ella, quien, como una princesa, grácilmente a…

Cuestiones de palabras y cuestiones de hechos

En las discusiones sobre alguna cuestión primero deben buscarse las diferencias entre los hechos admitidos, ya sea que existan o se plantée cómo es que suceden, y luego observar qué admiten unos y qué admiten otros; pero puede pasar que la discusión no llegue jamás a concluirse, para eso se tienen que distinguir entre las cuestiones de hechos y las de palabras. No obstante, la distinción se hace pesada cuando las cuestiones tienen parte de hechos y parte de palabras, según el sentido e intención con que se debata. Por ejemplo: Bruto, el matador de César, ¿fue un asesino? A leguas parece ser solamente una cuestión de palabra; mas cuando la controversia se empieza a concentrar en rasgos como si el asesinato político es conveniente o no para las sociedades, entonces la cuestión se inclina hacia el aspecto de los hechos.

Las discusiones que provocan la cuestiónes de palabra muchas veces consumen bastante tiempo y trabajo. Antes de discutir o analizar una cuestión nos debemos preguntar: “…

Un tópico de la Ilíada

Paris se enfrenta a Menelao. Es la oportunidad para que la riña entre argivos y teucros no logre estallar en un combate sanguinario que, finalmente, logra sucederse por la perfidia de los troyanos a los juramentos cuando Paris abandonó el campo de batalla y luego Pándoro disparara su flecha contra Menelao.
Homero enfatiza en Paris al “Don Juan” de la época, apuesto y seductor, pero al final de cuentas, cobarde. Esto es visto en el reproche que le hace Héctor a Paris cuando este se oculta para no pelear contra Menelao: “¡Cobarde Paris! ¡Miserable! Tu gallardía y tu hermosura no valen más que cuando las mujeres están delante”. No cabe duda que la belleza de Paris se encontraba inversamente proporcional a su valor para desenvainar la espada en una contienda de vida o muerte. Paris provocó la guerra al raptar a la divina Helena, y cuando pudo enmendarlo, para verguenza de los troyanos, no lo hizo. Fue tan cobarde que para justificarse de su derrota acusó a la diosa Atenea de proteger a M…

Destierro

Destierro Ahora se va el corazón con todos sus harapos
y lo poco que le queda de latir.
Ahora se calla...
Anda triste.


César Chumbiauca