Cuestiones de palabras y cuestiones de hechos

En las discusiones sobre alguna cuestión primero deben buscarse las diferencias entre los hechos admitidos, ya sea que existan o se plantée cómo es que suceden, y luego observar qué admiten unos y qué admiten otros; pero puede pasar que la discusión no llegue jamás a concluirse, para eso se tienen que distinguir entre las cuestiones de hechos y las de palabras. No obstante, la distinción se hace pesada cuando las cuestiones tienen parte de hechos y parte de palabras, según el sentido e intención con que se debata. Por ejemplo: Bruto, el matador de César, ¿fue un asesino? A leguas parece ser solamente una cuestión de palabra; mas cuando la controversia se empieza a concentrar en rasgos como si el asesinato político es conveniente o no para las sociedades, entonces la cuestión se inclina hacia el aspecto de los hechos.

Las discusiones que provocan la cuestiónes de palabra muchas veces consumen bastante tiempo y trabajo. Antes de discutir o analizar una cuestión nos debemos preguntar: “¿Se refiere a hechos o palabras, total o imparcialmente?”. Es aquí donde se examinan las posturas de los bandos al admitir un hecho. Si los hechos de uno y el otro son iguales, pues no existen cuestiones de hechos, sino solo las de palabras.

Hay que tener en cuenta también que un término en un sentido impropio puede conducir -como le sucedió a Guyau al malinterpretar el concepto de belleza de Spencer- a grandes confusiones.


Resumen de Cuestiones de palabras y cuestiones de hechos de Carlos Vaz Ferreira, Lógica viva, Buenos Aires. Losada S.A, 1962 pag: 63-75

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