Un tópico de la Ilíada


Paris: el cobarde






Paris se enfrenta a Menelao. Es la oportunidad para que la riña entre argivos y teucros no logre estallar en un combate sanguinario que, finalmente, logra sucederse por la perfidia de los troyanos a los juramentos cuando Paris abandonó el campo de batalla y luego Pándoro disparara su flecha contra Menelao.

Homero enfatiza en Paris al “Don Juan” de la época, apuesto y seductor, pero al final de cuentas, cobarde. Esto es visto en el reproche que le hace Héctor a Paris cuando este se oculta para no pelear contra Menelao: “¡Cobarde Paris! ¡Miserable! Tu gallardía y tu hermosura no valen más que cuando las mujeres están delante”. No cabe duda que la belleza de Paris se encontraba inversamente proporcional a su valor para desenvainar la espada en una contienda de vida o muerte.

Paris provocó la guerra al raptar a la divina Helena, y cuando pudo enmendarlo, para verguenza de los troyanos, no lo hizo. Fue tan cobarde que para justificarse de su derrota acusó a la diosa Atenea de proteger a Menelao, cuando fue él quien hubiera muerto si no fuera por las intervenciones de Afrodita para salvarlo del atrida.

Paris es el peor de todos los troyanos, que hasta el quinto canto de la obra parece ser que es un personaje excepcional, puesto que las descripciones de cada hombre, entre dánaos y teucros, siempre es la de guerreros valerosos.

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