Entradas

Milagrosamente cocinero

Una de las cualidades que seducen a las chicas es que su hombre sepa cocinar. Un hombre exquisito con los aromas de las hierbas y las frutas, un conocedor de los distintos tipos de verduras y tubérculos, alguien que sabe medir virtuosamente el punto exacto de los condimentos y cocciones. Además, si este cocinero es apuesto y encima cocina desnudo, sin más prenda que un mandil, pues con ese definitivamente se casan, porque que un hombre cocine significa para una mujer una muestra de amor, cariño, sutileza y hasta de cero machismo. A mí no me sirve mucho estar enterado de esto. Cocinar no es mi sex appeal… Muy tarde mi madre ha concluido que me hizo daño al no dejarme entrar jamás en ese laboratorio de sazones que es la cocina. Se tomó muy a pecho eso de que un hijo debe dedicarse a estudiar y creyó que yo estudiaba todo el tiempo cuando en realidad me pasé de vago leyendo novelas. Mis tres hermanos que no tuvieron tanto gusto por la literatura sí terminaron cultivando cada quien su es…

Orlandito

No empiezo por decirte estimado, porque no estamos empezando bien, y no es por mí, es por ti. No sé quién eres exactamente, no sé cómo eres, así que considera que eres un tipo con suerte aún. La vida te ha dado la dicha de estudiar en una buena universidad y hasta carro tienes, dicen que nunca falla para cargar flaquitas, especialmente si te encuentras a una pobrecita con trastornos de superficialidad. Pero esta vez te equivocaste, ella no cayó. No es, pues, cualquier chica tampoco. Además, ¿qué es eso de andar pidiendo un beso? ¿No te da vergüenza? ¡Hombre, qué apresurado! Un beso no se pide, se roba. Ahora no te digo que vayas a tener éxito. Lo más probable es que te caiga una buena cachetada, y según se sabe de las heridas contusas y sacadas de sangre a su propio hermano, bien advertido estoy yo mismo por su mamá —y ella misma me lo ha contado—, la pequeña Hulk puede llegar a matar con esas sus manos diminutas pero que han de doler peor que un lampazo. Ojalá pueda conocerte en un f…

Minificciones # 3: Lucía

Lucía se despierta de lunes a viernes a las cuatro de la mañana para ir a trabajar. Ingresa a las siete en punto. Cuando toma el bus aún es de madrugada. Su jornada dura hasta las cinco de la tarde. A esa hora se despide de todos y se va volando al diplomado. Las clases acaban a las nueve de la noche, se dirige al paradero, espera el bus, viaja de pie porque no hay asientos libres y cruza así media ciudad para volver a casa. Llega sumamente cansada, abre la puerta, entra, arrastra sus últimos pasos hasta la sala, tira las llaves y la cartera sobre la mesa de centro y se deja caer sobre el sofá. No tiene ganas ni de pensar en las ovejitas de los sueños. Mi Lucía, dulce y desfallecida. No luce como lucía en la mañana, pero sigue siendo Lucía. Dejo lo que estaba haciendo, me acerco a ella para llevarla a la habitación. La recuesto sobre la cama, le saco las ballerinas y las pantimedias, traigo agua tibia para sus pies, la desvisto, le pongo ropa de dormir como quien cambia a una niña. Cu…