Poeta blanca en la biblioteca azul

Te llamo enamoradamente, mas no quiero que dejes de escribir ni que escuches a mis ojos. Gracias por la mañana y la gentileza de estar sentada allí, escribiendo, intensa poeta. Pero relájate algo, recógete el cabello, despeja tus ojos en un punto que no sea blanco. Deja que la idea venga paciente como una ola espumosa que surca el azul. Cuando la ola rompa déjale el tango a tu mano escribiente y condena, alegremente, tus palabras en la celda virgen de las hojas.

César Antonio

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