Minificciones # 1: Alberto Goldman

Alberto Goldman, no eres un hombre de oro, no vales siquiera una moneda de confitería. Entiende: para aprender a tener detalles no te tienes que capacitar, sino recapacitar, envolver en una caja con lazo un poco de tu tiempo, sacrificar unos plazos de sueño, invertir unas monedas en chocolates, salir con ella los domingos. Esmérate ahora que no besas el aire, que no tiras con tus pesadillas. Esa mocosa y berrinchuda que es tan bonita, que te perdona traslacional y rotacionalmente tu falta de poesía, que despreciaría el cielo para seguirte a la fiesta de don Diablo, tiene gastado el hígado y aún más el bobo por culpa de tu mezquina delicadeza. Tú la haces llorar al ritmo de un tratamiento médico, despiertas su genio psicópata, abres el camino de olas verdes para las frases desatinadas e infelices. Luego te quejas, proclamas la libertad, la naturaleza semental y polígama. Y solo tienes una mano en tu soledad y la otra apuntando a un enlace de rubias fingidas. Aquello es como tragarse la flema. Ya no lo pienses, no es un estado intelectual, es amor; hay cosas que solo funcionan con eso, dale lo que espera. Levanta tu bloque de hielo, amigo Alberto, rescata a tu amapola.

César Antonio Chumbiauca.

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