Edson


Son tres las muchachas que se mueren por Edson; pero él, ni caso. Está concentrado en el campeonato inter escolar  de fútbol y parece que toda la vida va a estar así, entregado únicamente a la pelota. Yo no lo creo. Espérense uno o dos años. Lo que pasa es que todavía no lo coge la adolescencia, es un niño, apenas está por acabar la primaria; mientras, las muchachitas —que maduran más pronto para ese sentimiento bochornoso que es el amor— sufren por él. Y sufren a tal punto que se sienten confundidas: ayer estuvieron contentísimas porque creyeron que Edson las miró; hoy lo llaman vanidoso y creído porque ni siquiera volteó a ver la barra que le hicieron, y reniegan. Él ni cuenta, no sabe nada, no tiene ni la más remota idea que está desorbitando corazones y que a veces lo aman y a veces lo odian con el mismo fervor.

Ay, Edson, si supieras cuántos oficinistas, carpinteros y escritores soñaron de niños ser como Maradona…  Era algo así como Lionel Messi. Sin embargo, ser futbolista famoso es un sueño que en algún momento se nos comienza a menguar. Cuando pase, de pronto reconocerás a tres muchachas guapas de las que nunca te habías percatado, serán coquetas, te despertarán ciertos deseos inexperimentados, comenzarás a sentir un bicho raro en el estómago y no será un parásito; pero entonces, pobre Edson, estarás en primero de secundaria y esas tres muchachas a las que inconscientemente hiciste padecer antes, desgraciado canalla, ya no te pararán bola: estarán detrás de Pablo, el egocéntrico poeta de tercero.

César Antonio

Comentarios

SIN CALZÓN ha dicho que…
César Antonio, hombre de corazón de papel, hombre de corazón de lapicero. ¿Me creerás que cuando dejo alguna línea en mi blog recuerdo visitar tu espacio, me creerás que en este tiempo ya ni me acuerdo ni de mi blog, me creerás que es gracias a ti que luego puedo visitar otros blogs, por ejemplo, el de Henry solo para constatar que cada vez escribe peor, me creerás que últimamente casi no escribo ni leo, me creerás que un día casi me suicido, me creerás que cuando era chico amaba a Angie y que cuando era grande ella seguía siendo chica, me creerás que vine para escribir otra cosa y terminé escribiéndote esto? En fin, César no Vallejo, otra vez empezarán las clases y esta vez estoy dudando si ir o no ir. He ahí el dilema.

AZAÑA ORTEGA
MOISÉS J.

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