Encanto primoroso


         
 
            Es verdad que el viento acaricia. Hoy el sol fue blando con mi piel ya quemada ardorosamente —en especial los brazos y mi rostro—. Gracias al viento fresco de esta temprana tarde, mi epidermis se gozó untada del sabor del aire; encanto primoroso.

          Hay una sola pileta en San Marcos que se ha encendido de agua para refrescar la vista. Chorrea hasta lo alto espuma blanca que cae con un estrépito melodioso. A un lado de la pileta yacen tres medianos árboles; al parecer son acacias. Están circundadas por unos bajitos muros anchos a donde yo voy casi de costumbre a sentarme para gustar de la sombra arbórea: allí el viento acaricia mi piel y alborota mi cabello. Las hormigas rodean en su disciplinada obra lo que para ellas son grandes murallas. Algunas se meten por dentro de mi pantalón y llegan las muy atrevidas hasta la entrepierna. Yo las presiono por sobre la ropa. Para que no me molesten más subo las piernas sobre el muro y las cruzo como Buda. Después saco de mi morral un libro y comienzo a leer. Adoro esos momentos en que la soledad y la lectura se fusionan en un conjuro de paz, lozanía y entretenimiento. Adoro mucho más esta tarde porque aquella señorita que tantas veces vi en la biblioteca ha venido a disfrutar de este frescor. Se ha sentado en uno de los muritos de uno de los árboles que alojan en su copa a un pajarillo cantor.


César Antonio

Comentarios

VeroniKa ha dicho que…
Ya estas aqui, como los dias temprano con sol. Sabes? este ultimo tiempo he vuelto a recuperar esos momentos de soledad que bien decis.
Los extrañaba, se habia ido de mi. Y ahora he podido volver a disfrutar del viento que acaricia mi piel.

besos.

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