Tiempo esquivo

Estas últimas semanas soy mendigo del tiempo. Corro bajo una lluvia de quehaceres, responsabilidades y citas, y no vales respirar, no vale detenerse un momento para distraerse en juegos infantiles: se es ya un hombre. Felizmente ya comenzó el invierno para enfriar las carreras, ya que el sol extenúa inmisericorde a nuestras almas sudorosas. Ahora, mientras redacto esta banal reflexión, el gallo todavía canta, y a lo lejos los transportes arrancan ruidosamente sus motores llenos de flema mecánica y hacen sonar las bocinas desesperantes. Tengo que vestirme —eso debería estar haciendo—, desayunar un bizcocho con cualquier bebida caliente —tibia en realidad, por el apuro— e ir a enfrentarme con la ciudad y su congestión, pasármela todo el día en la calle: en la universidad, en el trabajo, en el transporte público, en el restaurant, en...