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Lima-San Juan

Rumbo en ruidosa ruta Procesión del mal humor El ómnibus destartalado vuelve de la guerra ¿En qué piensan los que ganaron un asiento o los que cuelgan de un tubo tristes monos arruinados? Los pasajeros derrotados buscan su reflejo triste en los espejos-luna Las chicas han extraviado sus aromas se cuidan de las bestias que aprietan La música que sintoniza el chofer está buena buena para tirarse por la ventana de emergencia Todos bailan la canción de los huecos del asfalto pasaje-pasaje Todos se pisan se zarandean se empujan pasaje-pasaje Sale una señora gorda desde el fondo dice Bajan en la esquina Me acomodo los lentes Termino mirando la fachada de un colegio Alguien que aún no viaja por trabajo ha escrito con aerosol y enamorado: Habia un bacio en mi corazón Que solo tu ienaste. César Antonio Chumbiauca

Filiberto

Filiberto no ha sido el novio más ejemplar del mundo. Tampoco es que existan novios ejemplares. Él hace lo que puede. Sin embargo, como le pasa a la mayoría de hombres comprometidos, su pareja jamás está satisfecha. La susodicha, cuyo carácter y capacidad de argumentación son como de un fiscal, le ha hecho creer que es un mal tipo. No es cierto del todo. Cuando una novia está molesta es muy fácil que se olvide de aquellos detalles que un hombre ha hecho, incluso en detrimento de su imagen pública, ya sea que posteó en Facebook un piquito retocado con un corazón o le dedicó una empalagosa balada de rocola en un bar. Por desgracia, Filiberto es un espíritu noble. Por desgracia, está sinceramente enamorado. Así que hoy se le ha ocurrido una idea heroica. La va a esperar fuera de su instituto. ¿Qué tiene de fantástico eso? Fácil. Filiberto, vendedor de agendas con frases motivadoras, estuvo andando todo el día entre mercados, restaurantes y galerías: sus pies están hechos trizas; a...

Reencuentro con Víctor

Víctor ya no es el muchacho delgado de corte honguito con el que jugaba Mortal Kombat en Nintendo Sega. Han pasado casi once años desde que terminamos la primaria y no lo he vuelto a ver hasta ayer. Está corpulento, aunque no ha podido huir del fatalismo de la panza chelera (no me consta que tome. Debe ser la falta de ejercicios). Y ni qué decir de su manera de hablar. Cada frase que emite está bañada del dialecto cantarín del venezolano.   Lo primero que hicimos al encontrarnos después de mucho tiempo no fue darnos un abrazo, sino entrar en el supermercado. Allí, al ver la variedad de marcas y el stock, comenzó a contarme sobre la situación que se vive en el país de Rómulo Gallegos. Una situación muy difícil. Una situación que yo no me creía tanto, pues pensaba que la información era en parte manipulada por los medios de comunicación para hacer quedar mal a la política venezolana. Pero no es tanto así. Realmente hay una crisis en Venezuela. Como dice Víctor, los jóvenes emig...